Parecía un muerto a punto de resucitar. Solo, hundido en el sofá, con el televisor encendido y volumen cero. Transmitían la final de la copa mundo de fútbol. El campeón se definía entre México y Perú. Un evento antihistórico posible en gran parte por la convulsionada situación política entre Europa y Estados Unidos que sólo permitió jugar a los equipos de centro y sur América.
¿Por qué parecía muerto? ¿Por qué estaba cruzando el puente hacia el reino de los vivos? La respuesta es fácil de dar, pero requiere dar detalles que algunos pueden considerar como innecesarios o incluso grotescos.
Empecemos por su nombre. Los nombres han alcanzado un valor importante, por las razones equivocadas, en nuestras ridículas sociedades. Si alguien le da a su hijo un nombre común lo más probable es que tenga una vida común, como Pedro, por ejemplo. Un Pedro nunca sería un buen escritor. Pero es otra la historia con los Andreses o Juan Camilos que pueden llegar a ser ministros. Aunque si vamos al grano, lo definitivo es el apellido. Y el apellido de nuestro zombi es Lanzillotti, un argentino como cualquier otro, descendiente de italianos. Y el nombre, el nombre es Víctor.
El apellido Lanzillotti, como cualquier cosa de procedencia argentina o italiana, no era común en Bogotá. Cuando Lanzillotti llegó por primera vez al aeropuerto El Dorado lo esperaban con un cartón que tenía escrito a mano "Lansiloti". Venía a un congreso de historia precolombina, desarrollado en conjunto por la Universidad de Los Andes y la Universidad Nacional. Este puede ser el primer misterio al que nos enfrentamos con Lanzillotti: ¿cómo un argentino pudo llegar a interesarse por la historia precolombina, cuando lo natural sería que se interesara por la historia del siglo XX europea o al menos argentina?. Cuando se lo preguntábamos Lanzillotti respondía, mirándonos a los ojos, que eran quilombos suyos, que no era tan importante, que era un laburo como cualquier otro.
En su siguiente visita a Bogotá, tres años después, Lanzillotti ya estaba convencido de que la revitalización de la seleccion argentina de fútbol sólo podía venir por medio de la comprensión de la historia y la filosofía del juego de la pelota en la América precolombina. En las conversaciones que teniamos en las cafeterias de la universidad no paraba de explicar su teoría de una mística indígena que tambien debería ser parte de la Argentina. Insistia en que ellos, los argentinos, ya habían pasado mucho tiempo actuando como inmigrantes europeos. Que los italianos al fin y al cabo también estaban jodidos y eran todos unos ladrones.
Había que reponerse del genocidio cultural, y el primer paso era el fútbol. Que querés que te diga, me dijo, me parece que los precolombinos tenían más valores, ademas jugaban al fútbol antes que los ingleses. Lo llevan en la sangre. ¿Me entendés?
Estaba loco, y el siguiente lugar en el que nos vimos fue, como era de esperarse, México DF.