1. Adagio con Brio
En este momento es necesario volver seis años y medio atrás, a Bogotá, al departamento de física de la Universidad Nacional de Colombia. Todos en primer semestre, recién salidos del colegio, creyendo que vamos a conquistar el mundo. Pero no tarda en presentarse la primera dificultad: Jose Granés y su curso de filosofía de la ciencia. La dificultad estaba en no dormirse, y calmar el instinto de ahorcar a los que ahondaban en discusiones filosóficas. La metodología era leer un texto y discutirlo mientras alguien tomaba notas para hacer un especie de informe sobre las conclusiones a las que llegabamos. También se discutía entre todos el informe final que se escribía. Tal vez ya les parezca aburrido el esquema que explico, pero vivirlo lo era aún más. Granés es un experto en Newton, así que no creo estar equivocado al decir que el texto que más martilló el Sr. Granés, y que nos quedó grabado a todos como sinónimo sensorial del aburrimiento es la carta-paper que escribió Newton a la Royal Society sobre sus experiencias con la luz, y su nueva teoría de la luz, y su bendito experimentum crucis.
Luego vendrían mis discusiones con personas interesadas en la filosofía de la ciencia, y lo que es peor: con estudiantes de filosofía interesados en filosofía de la ciencia. Ya se trate de químicos, físicos, biólogos, o personas que trabajan en fronteras de esas ramas, ellos saben que lo que dicen sólo es válido en un rango restringido de condiciones. Los que creen tener la razón absoluta, olvidando esas condiciones de frontera o son filósofos en potencia, o son físicos teóricos que nunca han hecho un experimento en su vida o que se creyeron el cuento de explicar el universo (la diferencia puede llegar a ser sutil). Entonces, vienen los interesados en filosofía de la ciencia, con sus "métodos científicos", lanzando teorías de cómo funciona la ciencia y la comunidad científica (los pro Kuhn y anti Kuhn para mencionar la fauna más abundante en las junglas de la Nacional), dando ejemplos según les conviene, y nunca, pero nunca, especificando las aproximaciones que hacen, y mucho menos reconociendo que tienen la razón en contados casos.
Con estos antecedentes, fui a regañadientes al curso de filosofía e historia de las ciencias. Lo que pasó en ese primer día de clase (y en el segundo, que fue ayer), y las reflexiones a las que me llevó, queda para las siguientes 3 entradas de esta nueva serie.
Luisa F dijo
Pobre viejito Granés... nadie lo quería.
De verdad que lamentp mucho que tengas que volver a pasar por esto después de tantos años...snif...j3j3j3
15 Marzo 2006 | 05:30 PM