El primer día del curso de historia de las ciencias, las cosas empiezan bien. El tipo que esta al frente hablando es jóven, dinámico. No va a leernos un texto para que lo discutamos. Está hablando de por qué nos puede interesar la historia y la filosofía de la ciencia. Él como historiador, sólo se centra en el caso de la primera.

Las ideas son claras: puede ser interesante para hacer más llamativos nuestros cursos de física cuando seamos profesores, para entender las motivaciones de las personas que trabajaron en el tema que estamos trabajando nosotros, para ver que el ambiente social sí tiene una influencia sobre la forma de abordar la ciencia. Muestra ejemplos de vidas de científicos, de los métodos que usan los historiadores para trabajar. Ejemplos de títulos de trabajos que ellos han hecho (él trabaja en especial sobre la industria farmaceutica).

La sensación final sobre la historia de la ciencia, es que es tan divertido e importante conocer la historia de la gente que ha trabajado en lo mismo que yo, como es de interesante averiguar la historia de mi familia. Y el mensaje fue transmitido eficazmente, no tuvo que usar los métodos que el usa en sus búsquedas para hacernos entender lo que el hace (que al parecer es lo que intentaba hacer Granés). De la filosofía de la ciencia no habló mucho (el era historiador), pero lo que mencionó tenia algunos puntos de contacto con lo que había explicado para la historia.

Una parte de mi reflexión de ese día es que Granés no era aburrido porque fuera viejo y su método fuera malo para estudiantes de física (al parecer puede ser un éxito con estudiantes de filosofía). Era aburrido porque no lograba meter en contexto las cosas de las que hablaba. Le daba prioridad a entender las cosas que había hecho un inglés hace tres siglos, que a hacernos entender porqué los físicos colombianos hacen y estudian las cosas que estudian en estos últimos treinta años.
Newton, Descartes et al. (en Francia, e imagino que en Inglaterra también) son vistos más como un patrimonio local que predice el estado actual de las asociaciones y costumbres entre científicos. Esas asociaciones y costumbres fueron imitadas en el resto del mundo, perfecto. Pero ¿porqué se tiene que imitar también el estudio que se hace sobre la historia y la filosofía de la ciencia? La línea de gente como Granés cree, y quiere hacernos creer, que la ciencia es algo ascéptico que tiene un comportamiento independiente de las esferas sucias y turbias de la política y la moda. Al menos esa es la única explicación que encuentro para que los cursos de historia y filosofía de la ciencia (al menos los que se podían recibir haciendo pregrado en la Universidad Nacional de mi época) no contemplen la posibilidad de hablar de manera extensiva y constante de los científicos colombianos, de reflexionar sobre nuestras formas de organizarnos, de dicutir porqué se han preferido algunos temas de investigación a otros. Ver que la ciencia sí depende de modas, y situaciones económicas, del lugar donde se estudie, de la gente con quien se estudie.

¿Por qué? ¿Por qué tienen que hablarnos de Newton, Descartes, Leibnitz de la misma forma en la que se habla de ellos en Europa?, Colombia no es Europa. ¿No pueden tener al menos un poco de distancia como tendrían como cuando hablan de Confucio? Y si van a hablar de ellos como nuestros ancestros inmediatos, ¿no pueden dedicarle otro curso entero a nuestros verdaderos ancestros inmediatos?, con la ventaja adicional que estos ancestros están vivos y podemos preguntarles cosas todavía. Puede ser que, copiando a los europeos, en Colombia quieren que los ancestros científicos sean ilustres. Pero sólo el tiempo puede decidir eso. Eso es lo que hace que en muchos círculos sólo se hable de Federici et al. o Garavito, quienes ya contribuyeron y se sabe que lo que hiceron fue relativamente importante.

¿Cuánto tiempo pasará para que vivamos como lo que somos, y no imitando lo que queremos ser?