escritores
Cuando lleno un formulario, jamás se me ocurre llenar el espacio dedicado a la profesión con la palabreja "escritor", ni siquiera "editor", sino "librero". La considero, sabe, una actividad más noble y limplia. Por regla general, el librero no odia a sus compañeros de profesión. El escritor sí. Mueve cielo y tierra para cerrarles el paso. Se dedica a desprestigiarlos, a hacer llover sobre ellos mares de inmundicia, toneles de carroña, cubos de escoria. ¡Vil mierda, señor, si es que uno ha de llamar a las cosas por su nombre!
Balmorán, en El desfile del amor (premio Herralde de novela 1984) de Sergio Pitol.